lunes, octubre 24, 2005

Santo Alberto Hurtado.


(google, mural.uv.es/jemares)
Es bastante difícil - razonablemente mal aspectado- en este país (e imagino que en otros), abrir el corazón y hablar con sinceridad: se desatan los contrarios y los ociosos, más los que sin ser lo uno o lo otro, están al acecho por motivos propios.

Sin embargo, no obstante sea cual sea el significado que cada uno da al blog, tengo derecho a usarlo según mi sentido: éste es una bitácora personal que, por razones de la evolución tecnológica, es algo más que un diario de vida, destinado a un grupo virtual, si bien, también por razones técnicas, en el grupo curiosean otros a los que no puedes ver preventivamente, para callar cuando pasan. Quiero ser insistente en que, para mí, es la plaza del pueblo, el ágora, donde converso con quienes confluyen a un tema, incluso desde países remotos, confirmando la universalidad de los hombres y mujeres de hoy, y su tendencia a conocerse en modos actuales y a la paz. Por su especificidad material el blog no escapa de los que se detienen a escuchar o a curiosear por otras razones y luego se van a comentar un pedazo de lo visto u oído, a su manera. Es así ¡y que le vamos a hacer! La alternativa sería no tener estos encuentros de blog, pero no me gusta dejar de lado lo sustantivo encerrada en las circunstancias. En todo caso, por su esencia, no es un medio de propaganda ideológica, política, comercial, ni siquiera cultural, aunque algunos también lo usen para ello; es una expresión vigente, de esas que necesita el ser humano esencialmente gregario y espiritualmente ligado a su prójimo y a su entorno natural y artificial.

Entrando a lo que hoy me motiva, dos domingos atrás ( o tres???) Carlos Peña, en Reportajes de “El Mercurio”, hacía votos para que el Padre Hurtado no fuese jibarizado a la piedad, a la limosna. En realidad en caridad y limosna hay poco nuevo, además siempre han sido “buenas”. Alberto Hurtado es notable en cuanto las hace estructuralmente potentes, y fundadas más allá del desahogo de un afecto, del temor o adhesión a una fe o del deseo de construir -para sí y familia- una imagen socialmente adecuada.

Alberto Hurtado ve el dolor de sistema, dependiente del actuar o del omitir de otros, estructuralmente instalado como expresión de no virtudes del alma colectiva imperante. Hipocresía, mezquindad, formalismo, egocentrismo, incomprensión, desidia y otros elementos semejantes nutren el no crear condiciones razonables y posibles para el desarrollo de los demás seres humanos, ajenos a nuestra familia y entorno. Mas aún, esas fuerzas opuestas a la piedad, nutren la construcción de un mundo de negocios y relaciones donde todos los demás nos son ajenos, y lo peor instrumentales, y en el que sólo consentimos a no tener la impudicia de declarar públicamente que nuestro derecho es del todo prevalerte, que se funda en nuestra diversidad mejor y que los demás sólo tienen lo que merecen conforme a su deficiente calidad individual familia o grupo de pertenencia.

Alberto Hurtado se hizo cargo, vio y subrayó la desigualdad económica socialmente imperante y, sin buscar las causas ni los remedios de gestión fondo, promovió paliativos estructurados, serios, permanentes. El Hogar de Cristo y sus obras-empresas derivadas son expresiones de una tarea magna, que conquistó la confianza de las masas en el tiempo.

Como ciudadana y también como parte del CDE estamos a cargo de un hogar, con metas e indicadores. Allí, en la confianza total que nos merece la obra de Alberto Hurtado y sus seguidores, no sólo en lo relativo al manejo honesto de su caja sino en lo relativo a sus fines, ayudamos. Estamos claros (varios) de que sólo se trata de impedir el golpe de males inminenentes sobre personas indefensas; de paliativos, de diques, de una chance mejorada para niños, ancianos, seres extremos, sobrevivientes de la selva.

Esa mejor chance, o esa mejor muerte, no cambia el fluir de la gran corriente ni impide el drama de los que, como ellos, seguirán inmersos en las rutas de la pobreza y de la desgracia pues, para cerrar esos barrancos, se requieren cambios sociales y políticos dirigidos al desarrollo en equidad y al manejo de las desigualdades en nuestro modo histórico de vida. Pese a lo dicho, las obras de Alberto Hurtado, sin duda, golpean fuertemente la razón y el corazón de las mayorías y abren conciencias y sentimientos, mejorando la perspectiva de los discursos políticos más humanitarios y la factibilidad de impulsar políticas públicas más consideradas con el prójimo, y con el mundo que nos rodea.

miércoles, octubre 12, 2005

Diario Siete, Fígaro y otras intrigas...

Ante el insinuante tejido de ese medio, del domingo pasado, no puedo dejar de pensar en Fígaro, el barbero de Sevilla, quien hace gala de su profesión pues ésta le abre todas las puertas de la ciudad y le permite participar en todas las intrigas ...
www.opera2001.net/operas/Arg_barbero.htm

(Entonces la posición del barbero era ideal. Linda ópera por lo demás, sobre todo el acoplamiento de música y texto a propósito de la calumnia, la que rueda y se abre paso creciendo de boca en boca…)

Ante la publicación de Reportajes del Diario Siete, de 9 de octubre en curso, me pregunto: ¿Cuánto prejuicio y rencor se requiere para redactar un artículo como el que aparece firmando don Marcelo Mendoza? Que bueno sería para el país citar las “fuentes” y que cada ciudadano se hiciera responsable de sus opiniones y aseveraciones firmándolas y, lo que es más importante, fundándolas. Este articulista ni siquiera conoce la misión del CDE, ni su planificación estratégica ni los objetivos, metas e indicadores que rigen la vida actual, acorde a los tiempos, de la Institución: aún nos limita a la “defensa fiscal”. El articulista parece desconocer (o aparenta no conocer para los efectos de este artículo) que el estado moderno es más estado de derecho que estado patrimonial, pues el estado empresario se retira dejando paso al estado supervisor, fiscalizador, arbitrador, subsidiario. Así surgen miles de obras concesionadas y nuevos actos jurídicos. Así pasa a ser rol preeminente del CDE la defensa del poder administrador del Estado de Chile en múltiples recursos de protección, nulidades de derecho público, combate a la corrupción y otros asuntos atinentes al rol moderno del estado, bajo la óptica del más coherente constitucionalismo. La defensa de la institucionalidad y sus poderes legales es ahora nuestra más vigente tarea. ¡Por cierto seguimos defendiendo la caja fiscal, no faltaba más!

Es útil para conocer al CDE de hoy -que no es por cierto el ente ajustado al espíritu del s.19, burocrático, "antiinformático" , sin indicadores ni evaluaciones externas y limitado a la defensa del patrimonio fiscal que me entregaton hace 9 años - el blog sobre "Etica y Estado" que escribí el 17 de septiembre (con los power point que presenté en el encuentro andino de Procuradurías Generales del Estado, en el que nuestro CDE fué catalogado como el más moderno, eficiente y conceptualmente avanzado.

Con ese nivel de ajenidad a lo que hacemos -y a nuestros resultados (sobre 100% de éxito en cada indicador de gestión comprometido con el Ministerio de Hacienda)- el articulista despliega su tejido desacreditante, destilando rabia contra mi persona. ¡Si me critica hasta la estatura (también equivocándose en 10cm.) y me define como freak, así como encuentra freak todo lo que se hizo al suscribir un protocolo de colaboración con el Servicio del Registro Civil.

Pero la crítica personal y las insinuaciones ofensivas no le bastan a ese señor ni a su medio de publicación, y predominan del todo las afirmaciones histórica y oficialmente falsas.


Por ejemplo:

  • La Corte Suprema no me ha amonestado por realizar arbitrajes, los que son legales de acuerdo a nuestra Ley Orgánica. La Corte objetó el uso del medio electrónico para dar curso a una diligencia de mero trámite (en un arbitraje en el que, por lo demás, todas las resoluciones de fondo que dicté fueron ratificadas por los tribunales superiores) y declaró el vencimiento del plazo de 2 años para la vigencia del arbitraje, cuya velocidad depende de las partes. Este juez, en ese caso específico, por lo demás, fue extraordinariamente veloz no obstante el entorpecimiento permanente del quejoso. Por su parte diversos miembros del pleno de la Corte Suprema estuvieron en desacuerdo con lo resuelto por la mayoría y suscribieron diferentes votos disidentes.
  • Es totalmente contrario a la verdad que haya percibido más de $100.000.000.- (cien millones de pesos) por esos arbitrajes, nada más lejos de ello. Demás está decir que no me sobrarían, cancelaría mis dividendos.
  • El Presidente del Consejo de Defensa del Estado no decide cuando alega, lo acuerda y mandata el Consejo cuando lo considera emblemático, como lo fue el primer desafuero de Augusto Pinochet Ugarte. Además nadie preparó mi alegato; lo hice yo misma, tanto para ante la I. Corte de Apelaciones de Santiago como para ante la Excma. Corte Suprema. Y debo decir que me hice, solita, más de setenta borradores. Soy muy programada y nunca he podido habituarme a exponer lo que los demás escriben.
  • La reforma procesal penal incide en menos del 6% de la carga de trabajo del Consejo de Defensa del Estado y, mientras algunas causas de drogas y delitos comunes se alejan, entran muchas nuevas por fraudes, corrupción y delitos económicos.
  • El descubrimiento del millón de dólares de Augusto Pinochet en Miami (y algo más que vendrá de otras vertientes y no haremos público aún), a porfía de lo que quienquiera diga, es obra del trabajo del CDE y de nuestros abogados en EE.UU., Greemberg Traurig. Tan importante es la jurisprudencia innovadora del caso que nuestro accionar y el de Greemberg Traurig fue destacado como excepcionalmente eficiente en el foro de la Sexta Conferencia Anual Latinoamericana sobre Lavado de Activos realizada en México del 03 al 05 de agosto recién pasado y a la que asistió, en representación del CDE, el abogado Hernán Peñafiel, Jefe de nuestra Unidad de Tráfico y Lavado.
    A consecuencia de la importancia de lo que hicimos, se hará en noviembre, en Santiago, un seminario universitario exhaustivo sobre lo operado con dichos abogados y especiales expertos para difundir, en el mundo legal y empresarial chileno, tan especial herramienta de trabajo contra la corrupción y el ocultamiento de activos, la que pondremos a disposición de todos.
    Y, no está demás decirlo, concurrí a Miami a petición de Greemberg Traurig para sostener encuentros reservados que aún no es tiempo de revelar. Mi comisión de servicio, por lo demás, se tramitó como es debido ante el Ministerio de Hacienda, estando totalmente informado de su sentido el Sr. Director de Presupuesto don Mario Marcel.
  • No tengo “manifiesta habilidad” en ningún “vericueto” de “poder”, pues no incursiono en ellos.
  • No tengo ni he tenido “ayuda del círculo italiano” encabezado por el ex Ministro Sr. Insulza.
  • No tengo una conexión militar salvo -por pluralismo, democracia y constitucionalismo- rechazar todo macartismo al revés y, como he dicho siempre, en mi gestión no hay listas negras ni están proscritos los ex uniformados. Claro está, no trabajo (no podría anímica ni legalmente hacerlo) con ninguna persona involucrada en crímenes contra los derechos humanos de cualquier persona: chilenos, alemanes, jóvenes, viejos, altos o bajos, del partido X o del Partido Z
  • No construí el edificio que ocupa en arriendo el CDE (ya estaba), ni determiné el color azul violáceo: es una recomendación técnica anti-smog hecha al equipo de gestión del CDE. Ha funcionado; no estamos manchados de tizne y todo el barrio va proliferando en tonos similares del azul oscuro al verde agua.
  • No me subo a una tarima para verme más alta, aunque si es necesario en una conferencia para alcanzar un micrófono puedo usarlas. (A este propósito me llena de curiosidad el culto por la altura que refleja la publicación, altura tan ajena a nuestro pueblo). Nuestra sala multimedia tiene espacios técnicos y yo me siento junto al consejero don Eduardo Urrejola y el secretario abogado y, cuando estoy ausente, se sienta en el mismo sitio quien quiera que subrogue al Presidente.
  • No voy a gimnasio alguno ni a solarium. Tomo sol cuando puedo y hago gimnasia cuando alcanzo en mi casa en un condominio de La Reina.

    A
    sí podría seguir una a una aclarando las imputaciones ofensivas de Diario Siete, algunas francamente irrelevantes (salvo para el fin de desacreditar), hilvanadas con amargura y pegadas con perversidad, pero no vale la pena. ¡Hasta es tema para ese medio que sea zurda!



Hago presente además al escribiente en cuestión que mi blog (que también lo irrita) contiene artículos sobre debate público, asociaciones ilícitas, Estado de Derecho, medio ambiente, medios de comunicación social y democracia y otros temas de interés jurídico, técnico y social, acompañados de presentaciones en power point para facilitar su uso a quienes lo necesiten o deseen, pues son del tipo de las que uso en mis clases en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Al escribidor, sin embargo, sólo le interesó lo que él llama esotérico.

Creo que pocas veces me ha quedado más claro que cada uno ve el mundo con los ojos que tiene. Los más de 4.710 lectores semanales de mi blog pueden también atestiguarlo. Las decenas que mantienen debate conmigo podrían hasta profundizarlo.

He mandado una candorosa aclaración al Diario Siete.

¿Se publicará en modo tan extenso y destacado como las ofensas?

¿Tendrá la aclaración fotos del tamaño de aquellas que se me dedicaron el domingo pasado con tanta ira?

¿Se hará gala de objetividad informativa en honor a la libertad de prensa que pretende el bien común y no la persecución de ciudadanos?

A propósito de lo ocurrido con Diario Siete creo que retoma vigencia lo que escribí en este círculo sobre los medios de comunicación social y también lo relativo al debate y a la timidez de nosotros los chilenos. Para bien o para mal, viví exiliada en Italia más de un decenio y aprendí a mirar de frente y a oponerme a todo atropello a mis derechos. Mi derecho a ser zurda, a medir 1.60, a ser mujer, a tener la piel tostada, a creer en el debate franco, a sostener en público mis opiniones, a escribir poesías, a ser como soy… sin pretender gustarle a los demás, pero sí pretendiendo que me respeten en democracia.




domingo, octubre 02, 2005

Debate...

(Copernico en Google)

En nuestro país la gente ama estar "normalizada", no disentir, no diferenciarse de quienes la rodean. Alvaro Bunster, mi profesor de Derecho Penal, reflexionaba (hace ya mucho) sobre ello y decía que nos gusta vestir de negro o gris, caminar pegados a las casas, decir todo en chiquitito y hablar despacio.

Los italianos se sienten bastante bien cuando pueden decir " he puesto un tema en el debate", o " hay un debate". El asunto de la polémica pública, del debate abierto y difundido hasta las más pequeñas comunidades locales no debe descuidarse, es necesario. Conversando, debatiendo, se aprende, se vive el pluralismo y la tolerancia y, así, éstos dejan de ser palabras. Grave es también el asunto si el rebaño se da en el ámbito del trabajo o de la academia; por la senda de la mimetización no se hubiesen dado Copérnico ni Galileo.

Agrego lo que me ocurrió en Italia.

En las primeras semanas que viví en Italia, asistí a un debate sobre asuntos públicos, pena de muerte, cárceles y manicomios. Se debatía el sentido de la justicia, la inutilidad y lo criminógeno de los encierros, en que se crean verdaderas escuelas de delincuencia, y focos de influencia. Ya entonces, 1974, se opinaba lo que hoy casi todos saben, que los lugares de encierro deben reservarse a lo peligrosos de cometer nuevas agresiones físicas. Los demás sólo deben garantizar su comparecencia al juicio y estar lo más separados posible de otros criminales, en entornos sanos, con prohibiciones de frecuentar ciertas personas y lugares.

Me asombró la practicidad de las reflexiones y, sobre todo, como escuchaban a cada uno, desde el más especialista al más lego, aun cuando fuera muy joven. Quienes hablaban, se expresaban con soltura, en forma coherente, estructurada, aparentemente despersonalizada, pero con segura asertividad. Nunca había visto un acto público así, ni esa mezcla de doctos con gente de la calle, que preguntaba fundadamente todo lo que le concernía.

Me impresionó el contraste con nuestra timidez, en que normalmente cuesta que la gente hable en público, o que no se enardezca, y en que todos hacemos lo más eventual posible nuestro planteamiento hablando de muchos “tal vez sería bueno”, sin afirmar de frente nuestras convicciones y achicando las cosas a “cositas”. Lo relacioné a lo que un chileno radicado desde hace años en España me decía: Los españoles se dicen de todo, discuten, y luego eso no enturbia sus relaciones personales, pero ninguno esconde su verdadera opinión.

Luego de pasar varios años por esas tierras más asertivas, me ha costado no ser considerada brusca o naif, al decir simplemente lo que pienso. Y no soy brusca, soy muy pacífica, y no soy naif. No es que no vea las implicancias de mis acciones, claro que veo las consecuencias desagradables o peligrosas. Si actúo como actúo es, simplemente, porque no podría no hacerlo, por la convicción que me asiste, porque tengo derecho a expresar mi punto de vista, y mis dudas también. Y acepto los costos implicados. Muchas veces no he actuado cuando el efecto perjudicial, conexo al bien buscado, ha sido innecesariamente mayor, o el bien que he pretendido no ha sido tan trascendente. En síntesis, me resulta natural considerar que no sólo debe decirse o hacerse lo que nos hará pasar sin contratiempos ni entredichos entre los demás, sacándole lo más posible el cuerpo a la jeringa, sino lo que nuestros imperativos deberes internos nos aconsejan o comandan. Es una cuestión de paz interior, de tratarse a sí mismo con seriedad, de no dejar huecos de autorreproche, que luego nos vuelvan frustrados, amargados, ácidos, desquitándonos con los demás.

Se sigue de lo anterior ese debate permanente y generalizado en plazas, calles y todo tipo de foros, que les enseña a sacar la palabra en público. En medio de todos esos conflictos intelectuales visibles, aparatosos, sin embargo, surge otra característica típicamente italiana, su mejor cualidad: resguardar y proteger, en todo caso, un mínimo de solidaridad civil y humana y traducir todo influjo o posición de modo que respete lo esencial del ser italiano, de la historia y la trayectoria existencial que les ha dado inteligencia autocrítica, espíritu positivamente creativo y emprendedor, valoración de los artesanos y de los oficios, admiración por el pensamiento innovador y fuerza física para alzarse a la 4 de la mañana a trabajar.

Fue en esos tiempos cuando por primera vez reflexioné sobre mí misma. Traté de entender qué me había pasado, qué nos había pasado a todos en Chile, en nuestro mar de fondo silencioso, en nuestras herméticas razones, cuya reserva era sólo rota por el destemplado chillar de titulares de prensa radicalizados hasta la grosería misma. Se enfrentaban los slogans y los intereses, y no los pensamientos. No existen, en mi concepto, los insultos buenos, ni las guerras justas, son un atavismo.

(Y a propósito de guerra, hay que ver “La Caída”, el film sobre los últimos días de Hitler. Eso es la guerra! Creo que sólo seres irracionales, o de muy limitadas entendederas, pueden encontrarla alguna vez necesaria.)

Más adelante en la vida, dándole vueltas a estas mismas cosas, en 1979, al darme cuenta que el Partido Comunista de Chile prefería al fundamentalista Khomeini por sobre el más moderno y liberal Sha de Persia, decidí que esos coterráneos me eran muy lejanos, que no tenía nada que ver con ellos en sus análisis de la realidad, ni en sus estrategias y tácticas, tendientes a radicalizar conflictos y a elogiar al propio grupo. No creo en el despotismo “ilustrado”, humanista, ni religioso. No creo en despotismo alguno.

Yo no aprecio los clubes, ni grupos, ni clanes que miran al prójimo como a un “otro” más defectuoso. Creo en la vía pacífica total, en que todos deben explicarse y abrirse para que todos se entiendan. Creo en que debemos siempre dar crédito a los demás.

Bueno, la soledad y el entorno de la Vía Apia dieron para muchos recuerdos y reflexiones. Otros ajenos a estas páginas. La soledad me daba placer y no angustia, como a los demás. Puedo decir que disfruté esas caminatas y la soledad que Roma y toda Italia tenían para mí.

(Del borrador de mi libro “El bisel del espejo, mi ventana”, Santiago, Editorial Edebé, 2002.)