domingo, enero 01, 2006

desarrollar la opinión pública, no usarla...


(www.javiergil.com)

Formar y no usar a la opinión pública es otra inquietud para el cambio de año sobre las apariencias crecientes que nos vienen envolviendo.

Apariencias en materia de opinión pública, democracia, partidos y “lobbies”. Confieso que me molesta esta palabra, pero, como la de “opinólogo”, ha derivado en una imagen muy explícita que hasta el connacional más ajeno a estos asuntos conoce bien.
Sin duda, la representación política en partidos, identificada con intereses ideológicos, económicos, gremiales, religiosos o de otro tipo, opera para generar sus asientos en el poder y mejorar sus condiciones de ingerencia en la vida social; además, la representación política ejerce presión sobre autoridades o funcionarios en busca de favores o colocaciones que permitan ejercer y vivir el tener “poder”. Eso es lo clásico y lo obvio.
Pero cuando damos un vistazo a nuestro país, vemos que no son ellos, los partidos, los únicos actores del manejo social; si nos quedamos absortos, simplificamos la realidad. Sumados a las presiones grupales estructuralmente organizadas como partidos o movimientos o coaliciones, nadie puede negar que existen otros poderes fácticos, propios de intereses que exceden el ámbito de la representación partidaria y que suelen también apuntar a los tres niveles de la actividad del Estado: a los parlamentarios (en la dictación de las normas); a la administración pública (en la aplicación de las normas y ocupación de los cargos de resolución y gestión); y al Poder Judicial (en la resolución de los conflictos litigiosos de interés).
Señalé en las notas sobre judicialización de la política, citando a Bobbio, que, estos grupos o mallas de interés o simplemente intereses fuertes que confluyen objetivamente al manejo social, generalmente convergen impulsados por intereses económicos coincidentes (y hasta sólo políticos en el caso de las cosmovisiones más integristas que buscan concientizar en pro de sus fines) no requieren ni suelen evidenciar vínculos formales, pueden usar y lesionar una democracia simulando o disimulando su poder con el utilísimo bajo perfil de superficie (que todos como opinión pública bien adiestrada admiramos) y el feroz mar de fondo cuya cara no nos es dado conocer.
Estos modernos poderes fácticos, bastante transversales y sofisticados (respecto de los cuales la violencia militar o paramilitar de las décadas pasadas no tiene nada que ver en el Chile de hoy; omito opinar sobre otros países), nos escrutan en encuestas y bolsas de opinión, nos venden mitos y buscan inducirnos a diversas acciones en las que representaremos el rol necesario de la participación y de la decisión de masas. Sin esta participación de la opinión pública (libre o inducida) no se sostiene ante la misma opinión pública una democracia formal y legalista. Ello es lo mínimo que nuestra condicionada capacidad crítica aún exige.
Los dueños de la acción y pretendientes del destino de las mayorías o de segmentos de necesitados (niños, asueldados, pensionados, abandonados, personas intelectual, económica o socialmente débiles en general) se dirigen a sus bases parapetados tras múltiples articulaciones, triangulaciones, personas jurídicas, fachas sonrientes para la foto y a menudo a través de muchos eventos. Así se invita a “estar” en la agenda impuesta en torno a las noticias definidas como “serias”, a escuchar a realmente entretenidos y hasta atractivos opinólogos, columnistas “de peso”, y, naturalmente, medios de comunicación que llenos de imágenes y titulares impactantes mantienen cautiva nuestra atención dosificando “especiales” que nos cuentan “la verdad”; shows animosos; escándalos financieros, sexuales, de “stars” y princesas; intimidades sentimentales; crímenes muy colorados o calientes, y, en general, todas las cuestiones que puedan tocar más altamente nuestra humana curiosidad y, sobre todo, nuestros temores y debilidades. Si después del bombardeo diario dirigido a nuestras cabezas cerramos los ojos, nos quedan en el pobre fondo, sobre todo, críticas recíprocas de los grandes poderes y propuestas en pugna; acusaciones de mentiras e incumplimientos; violencia, superficialidad y mucha oferta de mitos y apariencias. Nos queda el mundo de ellos en cambio del nuestro, y confundimos nuestras necesidades y sueños, y vivimos y decidimos en función de esos intereses ajenos.
Hoy se impone con fuerza la necesidad de separar con claridad Estado y sociedad, esfera pública y esfera privada, poderes económicos y poder político. Y se impone pensar en el ser humano en función de sus más altas necesidades éticas, única vía de construir un mundo más justo para todos. Se debe tomar más en serio la formación de nuestra opinión pública, no jugar con ella, no instrumentalizarla.
En el uso perverso de la opinión pública hay denigración del ser humano, “normalización, condicionamiento o amaestramiento de las personas hacia abajo” y, ello, no puede sino incubar un feo drama de futuro, arrastrándonos a una cultura egoísta, chata, bruta y que elegirá cada vez más a sus líderes por la apariencia y el mito. Para romper este sórdido camino, creo que además de las acciones inmediatistas que muchos pueden proponer, es necesario correr hacia nuestros niños y empezar una larga jornada generacional que los haga amar la seriedad y la verdad para consigo y con los demás, la sinceridad y la transparencia, el esfuerzo por sobre la ventaja, la rectitud por sobre la astucia.
Ayer vi, en el cable, el film “Bobby Jones, Stroke of Genius”, que narra episodios reales de la vida de uno de los mejores golfistas del mundo. Una decisión en particular de este hombre me apretó el corazón: en una contienda del más alto vuelo, el deportista, ya victorioso, se “auto penalizó”, y, por ello, perdió el campeonato (El, por si mismo, hizo presente al jurado haber movido la pelota, menos de un centímetro y sin cambiarla de posición. Tal movimiento no había sido visto por nadie y el jurado afirmó, unánimemente, que no había existido dejando la decisión final sobre la existencia de la falta entregada al propio jugador. Bobby afirmó haberla movido; la cara perpleja de su contrincante, por esa autoacusación ganador, resulta impactante y refleja su derrota en el alma. ¿Cómo sería nuestro país si gestos como ese, en que la propia conciencia dictamina, se repitieran muchas veces en todos los ámbitos: en la feria, en el bus, en el colegio, en la oficina, en la casa? Al contrario, casi siempre no erramos ni faltamos, en realidad afirmamos que los vasos no se caen: se caen lanzándose en modo suicida al piso; nosotros no chocamos: nos chocan…
Para que nuestro mañana cuide en profundidad y responsablemente el ejercicio (y no el uso) de la opinión pública, debemos modificar todos nuestros hábitos y mallas de estudio, desde el parvulario; y las enseñanzas éticas y de desarrollo valórico deben ser permanentes y omnipresentes, permeando todas las materias y las actividades. Un par de horas a la semana de ética o de algo análogo o una navidad solidaria u otras actividades piadosas aisladas en el mes o en el año me parecen un error conceptual: como tales horas o actividades separadas ya nacieron en el ghetto, como un plus que viste bien, y que es buenito y desahogador de la concientilla. Cursillo de ética o actividades solidarias aisladas no son un modo de vida, no nos llevan a ver a los demás como parte real de nuestro ecosistema; además pueden cumplirse formalmente pese a seguir mintiendo, disimulando, copiando, robando, acusando, siendo egoísta, consumiendo en competencia como alucinado con los del curso o los del barrio y pisando cabezas como peldaño de la escalera que nos asciende hacia nuestro muy propio, individual futuro.
Claro, lo anterior es imposible sin conscientes y nutridas políticas públicas que tengan entre sus metas la formación más alta de la opinión pública, en bien del país. Y ello requiere, desde el punto de vista oficial gastar: Desde el punto de vista ciudadano, requiere exigir del Estado una explícita toma de conciencia sobre su rol de certeza y seguridad para todos por igual, por sobre los partidos y coaliciones, asumiendo con perfección su rol de conducción social científica y técnicamente adecuado, serio, responsable y, sobre todo, para todos por igual, sin ceder a los poderes fácticos ni a los grupos de interés (salvo cuando no se la puede con ellos, obviamente no se trata de suicidar al Estado). Y, claro, mal nos puede organizar, administrar y arbitrar un Estado jibarizado (que muchos propugnan acusándolo siempre y a todo evento de deficiente y corrupto y ensalzando las exclusivas y excluyentes virtudes de la empresa privada. La rudeza del mensaje antiestado es tal que pretende afirmar que la corrupción no es como el tango, que no se requieren dos para bailar y que, gracias a una magia muy difícil de entender, para armar un negocio indebido, por ejemplo por colusión de intereses o por uso indebido de información basta un funcionario público solito y autista.
Debilitar al Estado debe preocuparnos, un Estado formalista, anticuado, pobretón, simplón y calladito no maneja nada y manejará cada vez menos, estamos ante otra apariencia que se nos está vendiendo bien. Como dicen los italianos, el perfectito país formal frente al doloroso país real se impone, y en esa doble dimensión juegan confundidos en libertad los corderitos y las fieras más audaces y depredadoras.
No tengo nada contra los partidos, clubes, organizaciones o grupos como tales si buscan fortalecer la madurez de la opinión pública y su mejor formación o información como factor esencial del bien común y del crecimiento social. El rechazo sin más ni más del viejo sistema político no va conmigo, aunque pueda parecerlo, y declaro temerle más al caudillismo apolítico, sectorial y circunstancial, montado en la superficialidad y en el mercado manipulado de la opinión de las mayorías. Miremos a nuestro alrededor.

3 Comments:

At vie. ene. 06, 10:24:00 a. m., Blogger xochipilli said...

En el desarrollo de las sociedades, y/o de las civilizaciones, tienen la ocasión todos, individuos y grupos, de empujar el carro ideo-lógico desde su constatación, o sensibilidad, formal de lo natural(incluído en ello lo político-social).
Así, de tiempo en tiempo, individuos y grupos se van turnando, como en una posta (por varios carriles al unísono), el encender luces iluminando los paisajes, tanto contemporáneos como los pasados y posibles futuros, y colocándose como postes de referencia, e incluso móviles, para que los que vienen a hacer, naciendo en este mundo, sus sueños en realidades comunes.
Por esto creo que lo de los caudillos(en el sentido correcto, es decir, como guiadores de los libres -que lo son por no haberlos sido hechos partes o considerados por las estructuras sociales formales anteriores-) es necesario considerarlo en el misma importancia que para los estamentos socio-jurídicos impuestos por la Historia, cuando el nuevo aporte o visión inteligente o supra inteligente da cuenta de otros puentes para avanzar hacia el Sol bendito; el que gobierna y educa a los seres vivos.

Muchos de los saltos cualitativos en la evolución fueron hechos por un individuo que mostró, con su arte político, una nueva parte de la realidad; realidad para todos los que están despiertos buscando los más económicos parajes para las vidas de las familias en sociedad.
Claro que como algunos grupos los son por fines de dominación ante todo, se roban las películas que son vitales. Haciendo espectáculos para distraer a las masas y ellos entrar primero en las nuevas sendas y puentes que muestran los individuos eminentes que da la Naturaleza en su gran obra cósmica, que es mística y ciencia a la vez, para poner las trampas y/o los impuestos para los que entrarán después; y asegurar la cuota de poder de los manipuladores de los Estados en sus manutenciones grupales de parásitos fácticos.

Para que el progreso y las verdades sean para todos es necesario despertar y educar a los pueblos desconocedores de la gran Historia místico-cósmica, hablando claramente por todos los medios posibles con la fuerza de las supremas convicciones de los verdaderos autores, autoridades naturales(valientes para la acción salvadora de lo que se estaba perdiendo).

(Es mi humilde pero franca opinión)

Atenta~mente, JG

 
At vie. ene. 06, 11:52:00 a. m., Blogger Jorge Jorquera said...

Clara:
Permítenos (una vez más) usar este artículo en Atina Chile?

Saludos
Jorge Jorquera

 
At vie. ene. 06, 06:30:00 p. m., Blogger Clara Szczaranski said...

por supuesto, son ideas para dialogar en la plaza...

 

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