martes, febrero 14, 2006

Antuco, Antártica, "Crash"...

www.lacoctelera.com/averadiante
Silencios, mentiras, errores. Creo que la diferencia, entre los variados espectros de ese difícil y opaco universo en que algo o mucho no es cierto, está en el origen de la distorsión o versión de la realidad que alguien transmite: dolo o error.

Quien por error falta a la verdad, calla o desdibuja o dibuja mal algún hecho, puede ser hasta amable, querible. No siempre, sin embargo, el dolo (la deliberada intención de falsear las situaciones o hechos) está ausente, y los seres dolosos no son amables, más bien son de temer y habría que tenerles distancia.

Algún silencio o mentirilla puede parecer piadoso, oportuno y hasta conveniente, pero temo que, a la postre, será siempre un problema, porque (como hace siglos escribí en "Fortín Mapocho", un diario chileno de oposición circulante durante el período Pinochet) la verdad existe y, en cambio, la mentira es un invento, a veces hasta un difícil invento. De esta suerte, la verdad lleva todas las de ganar, revelarse o imponerse después de mucho o poco tiempo. Además, la mentira, como invento que es o forzado ocultamiento, demanda más trabajo que la simple verdad. Esta, por ser lo que es, no requiere construcción alguna, ella simplemente es: tosca, inadecuada, ruda, no política. No quiero ensalzarla demasiado para que no parezca un credo, pero parece obvio que es más simple, más durable y nos da más seguridades y certezas, lo que, tal vez, nos puede hacer a todos más confiados y pacíficos o, a lo menos, menos defensivos.

Al ver el film "Crash" - el que encontré muy bueno- pensé que no deberíamos dejar de considerar, al sufrir un daño por causa de otro o al presenciar el daño que otros reciben, en la incidencia que ha tenido (o está teniendo) en la conducta de quien daña aquella parte de la vida o del contexto que el agresor ( él o ella, o ellos) no percibió o percibió mal, carencia que impulsó su actuar. También deberíamos pensar en si la carencia que nubló, cegó, paralizó o acicateó al agresor dependía del acaso o casualidad; de la falta de tiempo en el momento o de la edad o tiempo vivido por el hechor; de la ausencia de suficiente perspectiva e, incluso, si esa carencia no fue provocada (obra de terceros), pues también hay errores guiados, que asemejan prisiones mentales en que unos o muchos son (o somos) encerrados por la manipulación que otros hacen de la información pertinente (recuerdo al respecto el blog que escribí sobre formar la opinión pública, no usarla, ilustrándolo con unos feos y potentes demonios montados en seres humanos a los que conducen).

Lo que escribo puede parecer excéntrico y vago. Creo que no lo es y que que se lograría aterrizarlo fácilmente si pensáramos en situaciones como la de Antuco (¿como estaba el clima en realidad, cuánta era la información de los mandos locales al respecto...?) o en la reciente tragedia antártica, motivada por un mísero trineo; o si pensáramos en alguna situación propia, en la que hemos sido dañados o "manejados" por alguien (o varios) que nos parcializó el conocimiento y nos determinó a no hacer o a hacer algunas cosas, o a hacerlas de una manera y no de otra, tal vez la debida, la que debió ser.

Si volviéramos a la escena de un daño específico que causamos o que sufrimos, con toda la información y la perspectiva necesarias, ¿haríamos lo mismo? Si conociéramos la ceguera de quien nos dañó: ¿Nos enojaríamos tanto?

Yo estoy enojada..., en nuestro país (tal vez en todos) la verdad cede terreno a la oportunidad...